Reflexiones sobre motivación y compromiso

Pocas veces encontraré un verbo o acción en la que cambien tan drásticamente los resultados en función a su enfoque, como sucede con la palabra COMPETIR.

¡Qué duda cabe de la satisfacción que produce conseguir un reto!

Pero, cuando ese reto es contra todos y contra todo, sin darnos cuenta, acaba convirtiendo nuestros retos en algo adictivo que requiere muchísimo esfuerzo por nuestra parte y su logro-efecto es demasiado efímero, pues ya estamos buscando retarnos de nuevo para volver a encontrar algo que nos motive.

Llega un momento en el que no sabemos vivir sin buscar el reto y lo de menos es lo que nos aporta, sino a quién y en qué ganamos. Perdemos el enfoque de por qué estamos compitiendo o qué nos ha llevado a intentarlo.

El mundo es muy grande, competir contra todos y contra todo, en la mayoría de las ocasiones, acabará devolviéndonos frustración o insatisfacción si nuestra vida, o nuestra energía diaria, está basada en conseguir ganar esos retos.

Competir contra ti mismo o lo que es lo mismo, buscar tu propio crecimiento como persona y como profesional. Se trata de mejorar la versión de ti mismo. Todo son beneficios. Tu competidor no es mejor ni peor que tú. Las fuerzas están igualadas. Tus retos no miran a otros,pero les influyen, les orientan. Tus logros individuales consiguen felicitaciones de alguien que gana contigo por estar cerca de ti.

Si no te ganas a tí mismo, ¿a quién pretendes ganar?

Compitiendo contigo, necesitas mucho de los demás. Te ayuda a conocerlos y comprenderlos. Necesitas de ellos para conseguir tus retos. No necesitas derrotarlos sino apoyarlos y que te apoyen para que todos resulten/resultemos beneficiados.

Mi compromiso es mi competitividad. Lo reconozco, soy muy competitivo. Mi entorno son las personas de las que aprendo y enseño y me ayudan a conseguir mis retos. Un entorno profesional que facilite esto es un entorno profesional en el que, de manera natural, me implico y me comprometo.

Tengo claro que no es posible comprometerme con mi empresa si antes no me comprometo conmigo.

Mi compromiso es saber que todos los días hago algo para mejorar, sin importarme quién me mira, pero importándome lo que todos opinan y, sobre todo, si mi aportación les ayuda a realizar mejor su trabajo.

Una persona, de manera individual, no puede competir con las mejores empresas del sector. Mis compañeros y yo somos capaces de sumar nuestras competitividades y conseguir que nuestra empresa sea cada vez mejor. Esto es lo que avala y refuerza mi compromiso.

Mi fórmula es aderezar todo esto con una gran dosis de relatividad ante lo bueno y ante lo malo y el equilibrio sobre las cosas que me hacen feliz tales como familia, amigos, trabajo o deporte.

Si no te ganas a ti mismo, ¿a quién pretendes ganar?

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