Elisa Ferraro

¿Consultora o empresa final? ¿te gusta ver los aviones terminados o prefieres contribuir a mejorar sus motores?

El miércoles pasado tuve el placer y el honor de volver a dar una clase en el master de RRHH del Instituto Cajasol, en Sevilla. Master que yo misma cursé hace ya cinco años (me iba a ahorrar el topicazo de «parece que fue ayer», pero es que me lo parece completamente) y que tanto cariño le tengo.

Fue como siempre una experiencia positiva y enriquecedora. Conocer a una veintena de jóvenes que están pasando por lo mismo que tú pasaste años atrás (ilusión, motivación, dudas, incertidumbre y ganas de comerse el mundo, sin saber si éste se dejará comer…) causa, cuanto menos, empatía. Charlando con ellos sobre el futuro, sobre qué rama les gusta más dentro de los RRHH, y sobre si preferían trabajar en una consultora o un departamento interno de RRHH, me di cuenta que no tenían del todo clara la diferencia. Y ojo, no lo digo en forma de crítica, ya estoy tan sesgada por mi experiencia que no recuerdo si yo lo tenía claro o no cuando estudiaba el master, me inclino por la segunda opción. A veces damos muchas cosas por hecho, que no lo son tanto. Es por ello que me decido a desgranaros, desde mi humilde punto de vista, la diferencia entre ambas opciones; y lo realizo como a mí me gusta que me expliquen los temas con los que no estoy familiarizada: desde la base, desde cero; y si quedan dudas, aquí estoy para ayudar en lo que pueda.

Consultoría
¿Qué es un consultor? ¿a qué se dedica? Pues un consultor es a grandes rasgos un médico de empresas. Cuando éstas tienen un problema o necesitan ayuda o asesoramiento de algún tipo, acuden a un consultor externo para que les aconseje. Por tanto, existen tantos tipos de consultoría como tipos de problemas pueden tener las empresas, es decir, infinitos.

Para acotar un poco el radio y porque es la que más nos ocupa, nos centraremos en la consultoría de RRHH. Dentro de esta consultoría se puede asesorar y realizar proyectos de diferentes tipos y difieren bastante unos de otros (proyectos de formación, organizativos, retributivos, de implantación de modelos de evaluación) aunque siempre bajo una premisa común (al menos en nuestro caso): mejorar la eficiencia de la empresa a través de las personas.

Pero la cosa no acaba aquí, en consultoría asesoras a empresas de todo tipo de industrias: desde una empresa constructora hasta una cadena de clínicas dentales. Ahí reside el tan inabarcable como apasionante mundo de la consultoría. En definitiva, tienes que saber y estar en continuo aprendizaje en todo. Pero eso es lo que lo hace interesante, nunca paras de aprender, y aburrirte, no te aburres, eso lo aseguro.

Y os preguntaréis ¿por qué contrata una empresa a una consultora, si nadie mejor que ella conoce su sector, su industria y su propio problema? pues porque sólo una persona externa puede ver los cuadros torcidos de la empresa. En muchos problemas, hay que salirse de dentro, tomar perspectiva y sólo así se llegará a la solución. Es la filosofía del replantearse las cosas, que algo lleve toda la vida haciéndose de una forma, no significa que lleve toda la vida haciéndose bien (es más, casi siempre suele ser lo contrario). Un consultor que tenga cierta experiencia, ha conocido ya tantas empresas y sectores que sabe lo que puede funcionar mejor y peor. Además, los problemas de las empresas(como los de las personas) ya sea una aeronáutica o una que fabrica
muebles, casi siempre se repiten.

Empresa final
Y ¿qué es una empresa final? ésta pregunta es más fácil: todas las demás. Se les llama así porque son las que fabrican u ofrecen un producto o servicio final. En este tipo de empresas el output es más tangible, fabrican algo, es fácil sentirte parte de ello. Si trabajas, por ejemplo, en la empresa cervecera que piensa en verde, puedes contar orgulloso que tú formas parte de eso, que estás dentro de la cadena de valor, cada vez que alguien se esté tomando una caña a tu lado. El problema de una consultora es que no ofrecen algo tangible, no se fabrican mesas, ni sillas … aunque a mí me gusta decir que se fabrica talento. Lo que hace es ofrecer a las demás empresas (ya sabéis la de las mesas, la de las cervezas, etc.) personas, tiempo y masa gris que
ayuden a cubrir sus necesidades.

Hace unos meses intercambié unos mails con una excompañera de consultora y gran amiga que, como muchos otros, se ha marchado a cliente final (en su caso, a una empresa aeronáutica). Me decía: Estoy aprendiendo muchas cosas, esto es una empresa de libro y todas las tareas tienen un sentido muy chulo: «al final ha de entregarse un avión a tiempo». Esto, aunque a priori pueda ser una tontería, es muy fuerte. Todas las mañanas atravieso la factoría y veo trozos de avión, lo que aún me sigue impresionando…

No me malinterpretéis, estoy encantada de trabajar en consultoría, pero cuando leí estas sinceras frases que escondían tanta motivación en sólo 4 líneas, tuve una pizca de envidia sana «¿Y yo? ¿veré alguna vez aviones terminados?».

Entonces ¿qué es mejor? Pues como veis cada una tiene sus ventajas e inconvenientes. Mi consejo sería que para comenzar tu carrera probarás en una consultora: es un master acelerado de conocimientos, aprenderás muchísimo a base de errores. Además nunca te aburres, al trabajar por proyectos cambias cada mes de objetivos, temas, empresas, industrias y hasta caras y escenarios. Eso sí, se trabaja y mucho, pero estamos en la edad. Dentro de unos años, con la experiencia que hayas adquirido elegirás si haces carrera en la consultora o pasarte a cliente final, con horario, vida y tiempo libre algo más acorde con el resto de tus allegados no consultores.

Esos han sido mis consejos no vinculantes como consultora externa, ahora eres tú como cliente final del blog el que tiene la última palabra.
Suerte en tus decisiones.

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