Pilotos, copilotos y… pasajeros

Mi abuelo decía muy acertadamente que “había dos vidas, una barata y otra cara, pero que la primera no era vida”. Y que acceder a disfrutar la vida que habíamos soñado, no era cuestión de suerte, sino de marcarnos un objetivo y perseguirlo. Tú eres el dueño de tu propio destino”.

La proactividad no significa sólo tomar la iniciativa, sino asumir la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan; decidir en cada momento lo que queremos hacer y cómo lo vamos a hacer. Muchas veces, sin embargo, el vértigo, hermano del miedo, se apodera de nosotros y nos bloquea. Todos sabemos que en ocasiones el temor es más grande que el riesgo real”.

La palabra proactividad es de esos términos intangibles, difícil de definir y desde luego cuantificar. Conlleva práctica, concretamente el ejercicio de analizar lo que se puede controlar y lo que no, y concentrar nuestra energía en las áreas sobre las que podemos ejercer algún control. Stephen Covey lo denominaba “círculo de influencia”, y sostenía que las personas necesitamos enfocar nuestros esfuerzos en nuestro círculo de influencia.

Ser proactivo significa tomar el control de los acontecimientos en vez de quedarse mirando cómo suceden las cosas. Implica considerar diferentes opciones y tomar tus propias decisiones para lograr tus objetivos. Significa anticiparse a los problemas, buscar nuevas soluciones, dar lo mejor de ti mismo. Ser reactivo, por el contrario, significa resolver los problemas cuando aparecen, no querer asumir retos o hacer frente a los cambios desde el mínimo esfuerzo.

¿Cómo actúas habitualmente?

¿Cómo te enfrentas a las situaciones?

¿En qué te concentras, en lo que tienes control o en lo que no?

¿Eres de los que se queja por la situación que vive, pero tienes miedo de cambiar las circunstancias?

¿Eres de los que esperan a que surjan los problemas para intentar buscar una solución?

¿Eres de los que utilizan el “se” (“se rompió”), “debería”, “habría que” etc.?

¿Eres de los que buscan culpables y excusas ante una situación complicada, en vez de pensar en cómo desbloquearla?

Ser proactivo es por tanto una actitud frente a la vida.

¿Ser proactivos o reactivos? ¿Pilotos o pasajeros? Esa es la cuestión…  El modo en el que nos enfrentamos a las dificultades es lo que marca la diferencia.

Ser proactivo es por tanto una actitud frente a la vida. Aunque necesitamos agregar una serie de ingredientes para ayudarnos a serlo más y mejor…

1. Identifica qué necesitas cambiar, mejorar y mantener y atrévete a hacerlo. Simplifica, no intentes abarcar demasiado.

2. Canaliza tu energía hacia lo que aporta, no hacia lo que desgasta y destruye.

3. Acepta que sobre tus ideas siempre habrá formas mejores de ver y hacer las cosas.

4. Jamás esperes a que los demás tomen decisiones por ti. Cuando la decisión parte de uno mismo, es más estable y perdurable en el tiempo.

5. Establece objetivos prácticos encaminados al cambio. Quítate la costumbre de criticar lo que no te gusta de tu entorno, y cámbialo por hacer algo para mejorarlo.

6. Emprende la acción y no temas a las aventuras a pesar de la inseguridad y el miedo a lo que no dominas y no controlas. Persevera y persiste en todos tus esfuerzos.

7. Consigue resultados palpables, siempre oriéntate a los resultados.

8. Despójate de tus “terroristas internos” que no te permiten avanzar en el camino que has elegido.

9. Cambia el lenguaje reactivo por el lenguaje proactivo.

10. Y pregúntate constantemente… ¿Adopto un papel protagonista para provocar cambios o soy un mero espectador de una realidad que no me agrada, pero sobre la que no ejerzo ningún movimiento?.

¿Estás haciendo algo por cambiar tu realidad?. ¿Qué?

Conoce también las reflexiones de la autora, Begoña Rodríguez, sobre otro tema de gran actualidad: el valor real de las fuerzas de Venta

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